Aunque se ha posicionado como el destino estrella para el turismo de sol y playa en Jordania, el Museo Arqueológico de Aqaba y otros yacimientos ubicados en la ciudad serán capaces de satisfacer las expectativas de los amantes de la Historia durante su estancia aquí. Esta ciudad, que siglos atrás se llamó Ayla, tiene su origen en un puerto comercial utilizado por romanos y bizantinos, con gran relevancia también en los primeros tiempos del Islam. En este post hacemos un breve repaso a lo que ofrecen dicho museo y las excavaciones visitables, que nos hablan de un sorprendente pasado a orillas del Mar Rojo.
Museo Arqueológico de Áqaba
Se trata del mejor lugar para conocer el pasado islámico de Aqaba, pues aquí se exhiben piezas arqueológicas datables en diferentes periodos, como el rashidun, el omeya, el abasí o el fatimí. La rápida expansión del Islam hacia el Occiedente, en este caso desde la Península Arábiga hacia el norte de África, convirtio a Aqaba en un lugar de paso obligado. Y lo mismo ocurría a la inversa, para quienes peregrinaban a La Meca desde dichos territorios.
Cerámicas esmaltadas o monedas acuñadas en otros territorios dan buena cuenta de ese intercambio comercial y de gentes que aquí se dio. Un relieve coránico que se situaba sobre la puerta oriental de la muralla tiene también un importante valor documental. Y las lápidas que aquí se conservan son una muestra de las tradiciones funerarias de esos primeros tiempos del Islam. El periodo que abarcan las colecciones aquí expuestas van desde el siglo VII hasta el XII.
Además, la construcción en la que se ubica el Museo Arqueológico también es icónica: se trata de la antigua residencia de Sherif Hussein Bin Ali, Jerife de La Meca y miembro de la dinastía hachemita, que a comienzos de siglo desempeñó un papel crucial en la Revuelta Árabe para la escisión del Imperio Otomano. Su visita es gratuita.
Yacimientos arqueológicos repartidos por la ciudad
Por desgracia, son pocos los vestigios que quedan de la antigua Ayla, probablemente por los daños causados por un terremoto en el siglo II, pero recientes excavaciones han permitido sacar a la luz algunas estructuras y parte de su entramado urbano.
El vestigio más antiguo que se conserva son los restos de una iglesia romana de los siglos III y IV, cuando el cristianismo experimentó una rápida difusión tras la legalización de esta religión en el Imperio Romano en tiempos de Constantino. Y aunque lo que puede verse aquí apenas son los arranques de sus muros, su valor histórico es enorme, pues se trataría de una de las iglesias construidas más antiguas del mundo.
Por lo que respecta a la Ayla islámica que tanto dinamismo tuvo en los primeros siglos del Islam, se pueden apreciar igualmente el arranque de algunos muros en un trozo de trama urbana, en lo que hoy es un yacimiento arqueológico cerca del puerto deportivo. Lógicamente, la antigua ciudad era mucho más grande, pero esto es prácticamente lo único que se ha podido sacar a la luz, pues estos restos están encajonados entre los edificios y calles de la Aqaba moderna.
Más reconocible (y también más reciente) es el Fuerte de Aqaba, quizás su monumento más imponente y mejor conservado. Se levantó a comienzos del siglo XVI y su objetivo inicial no era precisamente militar, sino el de dar cobijo a modo de posada a los peregrinos que viajaban o volvían de La Meca. Posteriormente, tras la ocupación otomana, se le dio un uso militar, adquiriendo su aspecto actual de baluarte inexpugnable. También se encuentra en primera línea de mar, a la sombra de la Bandera de la Revuelta Árabe, visible desde todos los puntos de la ciudad.
